jueves, 18 de diciembre de 2025

NIEVE

 

NIEVE

 

Tal vez tuviese tan solo cuatro años cuando vi nieve sobre la tierra por primera vez. No estoy seguro de la edad, pero recuerdo la sensación que me produjo aquel hecho extraordinario y nada común en los parajes de mi infancia. Era un blanco inmaculado, un símbolo de pureza, algo de una belleza inigualable. Sin embargo, no todo lo blanco en un color. Blas de Otero lo sabía, no porque escribiese versos, sino porque sentía más allá de lo que expresaban sus palabras, o más allá de lo que entendían quienes leían sus textos. Hablaba de que los árboles volverían a brillar, de que los pies desnudos volverán a pisar los arroyos que llevan el agua de la libertad. E imaginaba que, al otro lado del río de la vida, las amapolas lucen sobre la tierra fértil donde lo blanco fue nieve y no una piel manchada por la codicia, el odio o la miseria. Todo parece diferente cuando la poesía vuela sobre las cosas, entonces las convierte en símbolos y en presencias que acompañan a los sueños y los acercan a una realidad social más tolerable. Y así, cada color adquiere una nueva dimensión. Se convierte en el espacio que interpreta nuestra forma de ver las cosas con un sentido más ético.

 Mariano Valverde Ruiz (c)

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ABEJA

 

ABEJA

Parece algo insignificante pero no lo es. Tiene la importancia de lo auténticamente necesario. Hay una mínima luz en el instante en que una abeja vuela alrededor de una flor. En los pétalos se refleja el color del amanecer, las hojas de la planta y las vibraciones de las alas con que el pequeño insecto horada el aire. Quiere beber en la flor y en su naturaleza para saciar la sed con que el mundo espera su milagro. La flor tiembla. Su galanteo estremece al aire. Se enciende el brillo nacarado de la luz. Se escucha el zumbido de las alas. Hay un gesto urgente en las patas del insecto. Y se hace presente una eternidad que sueña con ser abeja junto a la flor de la vida. Todo parece como un sueño. El deseo de alguien que quiere volar. La ilusión de quien agita sus alas para alzarse sobre las cosas. Es una nueva aventura, una forma de escapar de la realidad asfixiante que le atrapa. Y los ojos de un niño se van tras una abeja, siguen su vuelo, observan la pericia con que reta al aire para mantenerse sobre la belleza. Y quieren imitarla.

Mariano Valverde Ruiz (c)

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miércoles, 17 de diciembre de 2025

MISTERIO


 MISTERIO

 

Hay un misterio en la flor del almendro que busca el aire cada febrero. Esa flor viene a la luz desde las raíces, huye de un invierno que aún está presente y amenaza con sus frías madrugadas, y con sus cuchillos de escarcha. Esa pequeña flor es un corazón secreto, el alba del fruto, la vibración de la tierra, una melodía que busca la luz para ser pura presencia de la belleza. Los ojos recorren las imágenes que llegan a la memoria, son el recuerdo del almendro en el blanco rosado de los pétalos. El misterio sigue presente en cada flor, en cada instante en que la luz se muestra esquiva sobre la seda de los pétalos. Tal vez sea el reflejo de una antigua mirada sobre los almendros que se alzaban junto a los caballones que delimitaban los bancales, aquellos árboles que adelantaban la primavera junto a las acequias, los que daban sombra a las acelgas, a las retamas y a los hinojos. Durante unos días, daba la impresión de que las nubes habían bajado a la tierra y coqueteaban con las ramas. Luego, el tiempo jugaba con el aire y se producía el milagro de los frutos. Había que esperar al siguiente año para que de nuevo se mostrase el enigma que guardaba el aire cada febrero.

Mariano Valverde Ruiz (c)

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PRIMEROS PASOS

 

PRIMEROS PASOS

 

Desconozco el lugar exacto donde di el primer paso sin ayuda de nadie. Tal vez fuese en el interior de la casa donde nací o en la placeta de tierra que había en la puerta de la vivienda. Qué más da. Lo cierto es que aprendí a caminar antes de intentar alzar el vuelo. Esa es la verdad. Y cuando cuentas lo que ves con tu verdad por delante, no has de preocuparte por recordar lo que hiciste o lo que dijiste cuando diste el primer paso. Lo cierto es que habrá un renglón de tu caligrafía en el cuaderno de la historia donde se diga que caminaste. Y también que venciste al miedo, que pensaste y que hablaste para que te escucharan. Con el ejercicio de la palabra irás acercándote hacia una paz que busque la poesía, la indagación y el valor de tus pensamientos. Y, aunque no puedas volar durante algún tiempo, tu verdad hará posible que no sea necesario elevar las alas hacia el dominio del aire para que tengas conciencia de ti mismo. Entonces, tus huellas en la tierra tendrán la consistencia que el peso de las palabras produce en el suelo. Hoy, la memoria me lleva hasta aquella placeta de tierra junto a un camino que se perdía en un horizonte donde reinaban las pitas y las chumberas. Más allá estaban el campo, la sierra, el canto de los gallos y, sobre todo, el silencio. Un silencio enigmático que tardé muchos años en comprender.

Mariano Valverde Ruiz (c)

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COMO UN CUENTO


 COMO UN CUENTO

 

Con letras, puntos y comas se describe una casa, un campo, un paisaje sediento, un arrecife imaginario, se viste de hojas a un bosque, se imita el vuelo de un pájaro y hasta es posible levantar del suelo el ánimo maltratado por la realidad de un pobre contador de historias. Chéjov habría dicho de esa voluntad creativa que tienen las letras una frase convincente, algo así como que cada rasgo que deja la pluma sobre el papel es un surco en la tierra de la estepa. Y ya se sabe que, si tras arar la tierra no se siembra, de poco sirve el trabajo. Por eso siembro la memoria. Intento recordar y no encuentro las palabras precisas para describir cómo era la casa donde nací. Tal vez estaba formada por un dormitorio, un salón al que daba la puerta de entrada y una cocina con chimenea. También había una escalera que subía a las cámaras donde se guardaba el grano, la portezuela del palomar y las cuadras. No había aseo. De las paredes colgaban candiles. Tres pequeñas ventanas servían para ventilar y ahuyentar la oscuridad de su interior. Las paredes eran recias, estaban levantadas a base de piedras ensambladas con argamasa, barro, arena y yeso. Además de guarecer de la lluvia, servían para aislar del frío en invierno y del calor en verano. Junto a la casa había un porche y un aljibe. Y así seguiría añadiendo detalles como si de un cuento se tratara, pero estaría decorando una realidad simple y austera.

Mariano Valverde Ruiz (c)

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miércoles, 10 de diciembre de 2025

DUMAS, MONTECRISTO Y ALATRISTE

DUMAS, MONTECRISTO Y ALATRISTE

 

 

Alejandro Dumas (1802-1870) fue un novelista y dramaturgo francés de gran influencia en generaciones posteriores. Sus novelas mezclan historia, ficción y romanticismo, tres componentes que tocan de cerca la fibra sensible de los lectores y que, al tratar temas universales, trascienden a su tiempo y a las circunstancias personales del autor y del hombre. Sus obras más conocidas son: ‘Los tres mosqueteros’, (aventuras de d’Artagnan, Athos, Porthos y Aramis), ‘El conde de Montecristo’, (su obra maestra: Edmundo Dantés busca venganza por ser encarcelado injustamente), ‘La reina Margot’, ‘Veinte años después’, ‘El tulipán negro’, entre otras. Sus novelas han llegado hasta nuestros días mostrándonos el influjo de una realidad turbadora y la impronta de la condición humana en cada uno de nuestros actos.

La influencia de Dumas se manifiesta en el heroísmo y la lealtad de Alatriste, el personaje de Arturo Pérez-Reverte, un soldado veterano de los Tercios de Flandes que malvive como espadachín a sueldo. Su valentía, honor y lealtad se ponen a prueba en cada uno de los lances que acomete. Incluso en aquellos que le llevan a enfrentarse a los tres mosqueteros en ‘Misión en París’. Alatriste, cansado de un mundo corrupto y en decadencia, intenta sobreponer sus valores personales en una sociedad llena de trampas y de retos, en una realidad en la que cada hombre pone a prueba los recursos de que dispone ante las circunstancias históricas que le han tocado en suerte.

La venganza, ese gran tema de los humillados, esa pulsión incontrolable que guía los actos de aquellos que han sido víctimas de los intereses y las mezquindades de otros, es el gran tema de ‘El conde de Montecristo’. La resiliencia ante la adversidad, la venganza sobre sus enemigos y la redención de Edmundo Dantés ante el amor de su vida, componen una novela inolvidable. Es una historia que enmarca la aventura en un escenario donde reina la traición, la búsqueda de la justicia y todos los aspectos que exploran el lado oscuro de la condición humana, el destino, la moralidad, y el faro eterno del amor.

Dumas dejó un legado literario que trasciende a todas las épocas. En ‘El conde de Montecristo’, Edmundo Dantés es traicionado y encarcelado injustamente. Escapa de su cautiverio, encuentra un tesoro, y planea su venganza bajo la identidad de un conde ficticio. Amor, traición, amistad, justicia y las consecuencias de todo ello, forman parte de la novela. En ‘Los tres mosqueteros’, la acción y la aventura, las intrigas y la lealtad son parte de la trama. Pérez-Reverte se hace eco de esas pasiones humanas en su serie Alatriste. Diego, el capitán Alatriste, un espadachín a sueldo que malvive en una época de intrigas y honores, engaños y traiciones, lances y entuertos, es un reflejo de la época que describió Dumas. Ambos autores subrayan las críticas sociales, la corrupción endémica y reflejan un entramado donde la venganza se convierte en necesidad.

Tanto Dumas como Pérez-Reverte muestran personajes que luchan contra las injusticias. En la literatura de Dumas, la venganza puede conducir a la perdición. En las páginas del autor de Cartagena, Alatriste lucha por la supervivencia en un mundo hostil donde la lealtad y la amistad es un arma contra el poder. Ambos autores invitan a reflexionar sobre la naturaleza humana, la venganza, la justicia y las diversas variantes con que el amor influye en todo lo que afecta a nuestras vidas. Dumas, Montecristo, Pérez-Reverte, Alatriste…  Autores y personajes confluyen en el escenario de la vida para dejarnos entre la espada y la pared, o para erigirnos en héroes de nuestra propia existencia.

 

Mariano Valverde Ruiz ©    

   

viernes, 21 de noviembre de 2025

MARCANDO LOS TIEMPOS, DE JOSÉ ANDREO

 


MARCANDO LOS TIEMPOS

JOSÉ ANDREO MORENO

POESÍA

EDITORIAL CÍRCULO ROJO (2025)

 

Dice una máxima popular que quien tiene alma de poeta y usa la palabra como instrumento para tomar conciencia de quien es, termina engrandeciendo la belleza que atesora su naturaleza humana y el entorno donde ha crecido. José Andreo lo ha conseguido con ‘Marcando los tiempos’, su primer poemario.

José Andreo Moreno es natural de Lorca, de Zarzadilla, concretamente. Tiene a gala enorgullecerse de su tierra y llevarla por bandera. En los poemas de este libro queda constancia de ello. Desde esa tierra se alzan sus poemas con voluntad de vuelo poético: “Viviré en el movimiento / que marque y guíe mi destino”.

Como escritor ha publicado: ‘En los confines de Lorca, Zarzadilla, una mirada al pasado’ (2005), una obra sobre usos, costumbres y tradiciones de las pedanías Altas de Lorca. ‘Don Alonso vive’ (2014), novela finalista del Libro Murciano del año. ‘Relatos que vienen a cuento’ (2017). ‘Butrina’ (2022), novela sobre hechos reales. Y ‘Marcando los tiempos’ (2025), poesía.

Andreo define la poesía como un refugio emocional. Y lo demuestra plasmando sus sentimientos y emociones en todo lo que le rodea, refleja el paisaje interior y lo proyecta en cada una de sus composiciones. Es un claro ejemplo de que la poesía es, sobre todo, tradición y búsqueda de la belleza. Deja en cada verso la herencia de los poetas que jugaron con el tiempo una partida por la supervivencia. 

El escritor de Zarzadilla es un gran lector, sobre todo, de autores clásicos. Los ecos de la poesía trascendente, clara y duradera, esos pequeños guiños a lo que no está escrito y que se intuyen entre las palabras que componen los poemas, dan soporte a la esencia de un alma que crea a partir de lo esencial de la vida. Y vida es lo que traspasa el papel y se queda en el aire tras la lectura de los poemas que conforman este poemario.

Desde un punto de vista estilístico, ‘Marcando los tiempos’ es un libro donde encontramos construcciones poéticas clásicas, versos en octosílabos, algunos textos en prosa poética, y varias composiciones en verso libre, silva o versos heptasílabos, endecasílabos y alejandrinos. Los textos de este libro configuran un entorno variado donde afloran como temáticas la naturaleza, la experiencia, la reflexión sobre la vida, el paso del tiempo, el amor, la muerte, la metapoesía… Destacan unos sonetos finales, homenajes a autores como Cervantes, Lope, Calderón o Quevedo, que subrayan la virtud clásica del autor.

El subtítulo ‘La mente en el cosmos, los pies en el suelo’, ilustra muy bien sobre la dimensión de sus contenidos. Y su vinculación a los sueños y a la realidad.

En definitiva, ‘Marcando los tiempos’ es una lectura muy recomendable para todos aquellos que aman la poesía y sus interpretaciones de la belleza.

 

Mariano Valverde Ruiz ©

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